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  • Foto del escritorYared Dominguez

Medianoche en París o la capacidad de soñar



No puedo escribir esto sin soñar en ser escritor y sin llenarme de emoción. Es más, ni siquiera puedo escribir esto sin soñar con ir a París. Admito que no era un sueño viajar a la ciudad del amor. Claro, si me lo regalan con gusto iré. A lo que me refiero es que es tan buena la película, que ya hasta investigue precios de vuelos y hospedajes.


Y creo que eso es lo importante de esta película. Te hace desear, no sólo conocer París, sino a nuevas personas; vivir nuevas experiencias y adentrarte en el mundos ajenos como el nuestro. Eso es lo importante.

Descartes, Schopi y Voltaire sabían que el viajar, el conocer mundo es importante. Porque sí, aunque suene a cliché, viajar te cambia la perspectiva.

La película va de un escritor llamado Gil, que viaja a París por motivos matrimoniales. Pero él aprovecha para inspirarse, porque para él no sólo París representa París, sino que ahí estuvieron sus escritores favoritos juntos: Hemingway, Fitzgerald, Picasso, Dalí, Luis Buñuel y otros en los famosos años 20´s. Al más puro estilo del realismo mágico, nuestro protagonista logra viajar al pasado y puede conocer a toda esa gente. No sé tú, pero ese sueño lo quisiera vivir. Y algo cambia en él, algo lo hace más seguro a la hora de su escritura. Saber que está con los mejores, le da un impulso increíble en su confianza.


Ahí hay una clave importante. El entorno, como decía Aristóteles, sí influye en el desarrollo del individuo. Estar junto a personas increíbles te hace creer que eres bueno, aunque no lo seas. Pero eventualmente lo creerás y, tal ves de chiripa, lo seas. Hoy en día esto es más sencillo que en aquellos tiempos.


Si eras un mexicano del siglo XX y querias sobresalir en el periodismo, escritura, farándula, etc., te tocaba ir al centro de la Ciudad de México. Debías meterte en la Calle Plateros, segunda sección, hoy conocida como calle Madero, y entrar al café "La concordia", hoy es una tienda Zara. Ahí podías encontrar a la gente del medio más importante del país. Tal vez te podían aceptar en la conversación y hacerte algunas recomendaciones. Si tenías suerte, podías llegar a ser amigo -porque pues siglo XX- de Novo, Urbina y demás. Esa es otra historia.


Hoy ese café se llama Twitter, y puedes acceder a ese ambiente a un tweet de distancia. Me consta. He podido hablar e intercambiar palabras con escritores y escritoras reconocidas sin tener que ir a ningún lado.


Ni modo, Woody Allen me hizo sentir que puedo ser escritor. Igual y sí lo logro, pero el deseo no hay duda alguna de que existe.


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